—Ya luego llamaré un flete de mi confianza —comentó Gabriel.
Ella asintió, porque no quería saber de nada del mundo cómo tener que volver a llamar a ese sujeto , el cual supuestamente era fletero.
—Ya luego cuando quieras puedes venir a visitarme: tomar una taza de té con galletas. La verdad es que todas mis amigas han fallecido, me siento un poco... sola —comentó con sinceridad y un poco de tristeza.
La mujer, quitándose semblante seguro el cual siempre traía.
—Usted también podría venir , así que yo la puedo venir a buscar en mi moto —dijo divertida.
—No, con estos años, seguramente que me caigo rodando.
Las dos...