Sabía que a mi falso esposo no le iba a importar que escogiera esa habitación. Desde que regresamos de la supuesta luna de miel en París no lo he vuelto a ver, y no es que lo quiera. Mi aversión hacia su persona sigue siendo la misma, entre menos nos encontremos mejor para mi tranquilidad. Por lo que me dediqué en los días siguientes a acomodar algunas cosas dentro de la casa a mi gusto. Compré algunos cuadros, y flores..., muchas más flores.
El jardinero está feliz, sí, porque además de mi invernadero, la casa está rodeada de un inmenso jardín creación de mi abuela según me contó Enrique, el...