Él no le iba a dejar pasar eso, lo veía muy bien. Su presencia imponente y sus argumentos convincentes lo ponen en una posición difícil. Finalmente, entiende todo, Luis ha hecho que la furia del magnate Sardino caiga sobre él.
—¿Fue Luis? —repitió la pregunta más para él que para el señor Sardino.
—No tengo que confirmarlo, porque sé que lo sabes.
Habló el señor Sardino en tono amenazante y se podía apreciar que se contenía, para no matarlo allí mismo, su mano no dejaba de palpar el lugar donde llevaba su arma, y temió por su vida.
—Te lo advertí el día de la boda, si le tocaba un...