Rafael:
—Para comenzar, debo pedir disculpa por no haber aclarado todo esto desde el inicio. Me refiero, a tu visita a mi hacienda, eras mi invitada especial, no un cliente —aclaré, mirándola a los ojos amorosamente.
—¿Por qué especial? —me cuestionó ella retadoramente.
—Si eres madre, has tenido una experiencia con tu pareja. Así que debes reconocer en la mirada de un hombre, cuando te mira con deseo, con pasión y cuando es amor —razoné sin quitar la vista de ella.
—¡A veces las cosas no son como aparentan! —contestó esta, sin agregar nada más y sin quitar su mirada de la mía. Me quedé contemplando sus bellos y preciosos...