Chapter 7 El escándalo y sus consecuencias...

Chapter 7 El escándalo y sus consecuencias...

Dos meses después

Sofía:

Habiendo cumplido cuatro meses de embarazo, con un aumento notable de peso, me encontraba acostada en mi habitación descansando. Había terminado la elaboración de los balances que me había exigido la empresa que me contrató virtualmente.

Mis amigas, desde hacía dos meses, habían conseguido trabajo para distintas firmas contables, las cuales requerían jóvenes recién graduados sin experiencia. Esta oferta de empleo fue una bendición, puesto que ninguna quería volver a su lugar de origen.

A punto de dormirme, porque precisamente entre once y doce del mediodía, me ataca fuertemente el sueño, escuché que sonaba el timbre. Me extrañó, porque Shayla y Sheyli tienen cada una sus respectivas llaves y nunca llegan tan temprano.

¡Ding, dong! ¡Ding, dong! ¡Ding, dong!

«Debe ser algún vecino o alguien de la junta de condominio», pensé caminando hacia la puerta, poniéndome por encima de mi pijama, una bata ancha, que no muestra tan puntualmente mi abultado vientre, aunque tampoco lo disimula totalmente.

—¡Voy! —grité, esperando me pudieran escuchar, porque me llamó la atención, la insistencia en el timbre.

—¡Sorpresa! —gritaron mis padres al verme. Aunque, los sorprendidos fueron ellos, al observar mi figura pasada de peso.

—¡Hija! —Gritó mi madre asombrada, llevándose una de sus manos a la boca— ¿Sofía, tú estás embarazada? —preguntó ella en seguida.

La expresión de mi padre se congeló, cambió totalmente su rostro, se tornó amargado, frío, impenetrable. Su mirada estaba fija en mi bajo vientre. Mi madre, por su lado, comenzó a llorar, moviendo su cabeza de un lado a otro.

Ellos, se quedaron en silencio con sus ojos fijos sobre la parte baja de mi vientre. De repente, mi padre se agarró el pecho y caminó furioso hacia mí, con la intención de abofetearme, pero me moví rápidamente, a pesar de lo pesada que estoy.

—¡¡Juan Carlos!! —Gritó exaltada mi madre— ¿Cómo le vas a pegar, en su estado? —Reclamó ella— Discute si quieres, pero no levantes la mano para golpearla ¡Está embarazada! —afirmó.

Ninguno cerró la puerta del apartamento, razón por la cual, algunos de los vecinos, que llegaban a esa hora para almorzar, escucharon los gritos y observaron el estado de embarazo de Sofía, mirándola asombrados, puesto que ella no se había dejado ver, desde hace varias semanas.

—¡Papá, mamá, lo siento! Nunca fue mi intención hacerlos pasar esta vergüenza, pero ¡Ajá! Me pasó, ya no puedo hacer nada —aclaró ella, aceptando su embarazo, pero pensando cómo decirles lo otro: que no sabe quién es el padre y que además son trillizos.

»¡Dios! —comenté fuerte, nunca imaginé la llegada de este momento. Había descartado tener que dar explicaciones a mis padres, pues había reflexionado llevárselos, cuando nacieran, para que los conocieran.

—¿De quién es? Tú, nunca nos has presentado un novio —Cuestionó mi padre, respirando con dificultad y poniéndose la mano en el pecho, exigiendo respuesta— Con razón que no querías asumir tu compromiso con José David —aseveró él.

—En ningún momento he aceptado ese compromiso que tú hiciste con el hijo de tu amigo —respondí a la defensiva y aun con arrogancia, a pesar de mi desvergüenza.

—Estoy seguro que de haberte comprometido con él, esto no te hubiera sucedido, porque José David es todo un caballero —aclaró— Dime, ¿quién es el padre? Te exijo una respuesta —gruñó caminando de nuevo hacia mí.

—¡No sé quién es! —respondí, dejando atónito a mis padres.

—¿Cómo así? —preguntó mi madre desconcertada y tapándose el rostro con sus dos manos.

Papá se quedó helado, no reaccionó. Él estaba sorprendido, al igual que ella. No obstante, él tenía el rostro enrojecido de la rabia y la ira que estaba controlando, para no pegarme. Sus ojos tenían una mirada profunda.

—¿CÓMO QUE NO SABES DE QUIÉN ES? —Gritó tan fuerte, que se escuchó como un eco en el edificio y los vidrios de la ventana se sacudieron.

—¡PORQUE ME DROGARON! —respondí también a gritos con rabia, al recordar que si ellos hubiesen venido a mi graduación, seguro esto no me hubiera pasado, pero no valía la pena, echar más leña al fuego.

—¿Hiciste la denuncia? ¿En dónde fue? —preguntó cómo dudando de la respuesta que le di.

—No, no hice ninguna denuncia. Porque no estaba segura de lo que me había pasado. Solo lo corroboré, cuando el médico me diagnosticó el embarazo —le expliqué bajando la voz, tratando de calmarme, porque los bebés parecían sentir lo que estaba ocurriendo, sentí mucho movimiento en todo mi abdomen.

—¡Esto, no puede ser! —reprochó mi padre. Al observar a mi madre, ella estaba hecha un mar de lágrimas, hasta ahora no había vuelto a emitir una palabra más.

Mi padre de la rabia, arrojó todos los adornos que estaban sobre la mesa de la sala principal al suelo. Por lo que el personal del condominio se acercó al apartamento, para saber qué estaba ocurriendo, recordando que esta es una zona exclusiva, en donde no se permiten los escándalos.

—En mi apartamento hago lo que me dé la gana —fue la respuesta de mi padre, quien fue amenazado por el secretario de la junta, para que depusiera su actitud y se calmara. Fue así, como mi madre volvió a hablar nuevamente.

—¡Perdone, señor! Ya nos retiraremos del lugar, para evitar más escándalos —respondió mi madre— Nosotros somos personas honorables, a quienes nunca les ha gustado esto.

—¡Se lo agradeceremos, señora! —contestó el secretario, con la mirada puesta sobre mí, porque era alguien que siempre me piropeaba cuando me veía bajar o subir al apartamento. Estaba sorprendido— ¡Hasta luego, Sofía!

—¡Hasta luego! —me despedí.

—Por lo que se ve, ya estás a punto de parir —expresó mi padre.

—Solamente tengo cuatro meses —aclaré, mirando a mi madre a los ojos, quien solo observaba a mi padre.

—¿Por qué has engordado tanto? ¿Te estás controlando? —preguntó mi madre muy seria.

A lo mejor piensa, que he vuelto a consumir drogas, porque la primera y única vez que lo hice, ella se dio cuenta, debido a que estaba pasando unos días aquí conmigo.

—¡Dios! Te digo que esto no ha sido fácil para mí —juré, agregando— Mi embarazo es múltiple, voy a tener trillizos…

No terminé de pronunciar bien esto, cuando mi padre cayó a lo largo en la alfombra, faltándole la respiración, golpeándose fuertemente en la cabeza con la mesa de los muebles y perdiendo el conocimiento.

Ante esta situación, mi madre se desesperó, gritó y suplicó que le ayudaran a llevar a mi padre a una clínica. Los vecinos que habían estado al tanto de lo que ocurría llamaron a una ambulancia, la cual llegó de inmediato.

El paramédico, al examinarlo, comenzó con las maniobras de restablecimiento. Inició su presión en el tórax, colocó sus manos en el vientre superior y comprimió hacia abajo en 30 repeticiones alternadas con dos respiraciones boca a boca, tapando la nariz de mi padre y mirando su pecho, deduzco para saber sí respiraba.

Al comprobar que lo hacía, lo bajaron corriendo en una camilla hasta la ambulancia, la cual arrancó a toda velocidad. Mientras, mi madre y yo íbamos detrás de la ambulancia, en mi coche. Según nos refirió el médico, sufrió un paro cardíaco repentino y todo por mi culpa…

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