Punto de vista de Carlos
El rostro de Lía se suaviza.
—No se trata de conocer a mi padre. Créeme, no estaríamos haciendo esto si no lo hubiera pensado mucho. Es una triste coincidencia que esto esté sucediendo justo ahora.
Ella se acerca más a mí y yo la dejo tocarme donde quiera. Traza su dedo por la piel de mis hombros y mis músculos saltan bajo sus caricias.
—No quiero hacer nada de lo que te arrepientas después —respondo con sinceridad, deseando que se detenga y, al mismo tiempo, que no lo haga.
Lia se sentó sobre mí, con las manos en los muslos, y sus músculos estaban tensos...