Punto de vista de Carlos
Mis ojos se desvían hacia el Alfa, me niego a llamarlo mi padre, que acaba de entrar en la sala y ahora está de pie sobre el estrado frente al salón, y luego, mis ojos se dirigen a mi compañera, que está en la parte trasera, medio envuelta en sombras. Me siento a regañadientes, sabiendo que las consecuencias serían graves si faltara al respeto al Alfa. De todas formas, nuestra familia caminaba sobre una cuerda muy fina.
No había micrófono en el podio elevado, y cuando el Alfa comenzó a hablar, entendí por qué. Su voz resonó en el pasillo, alcanzando cada rincón del gran...