En las afueras de la ciudad, hay cientos de personas que lucen pálidas, hambrientas y sucias. En su mayoría, son mujeres y niños. Los hombres están hablando con los guardias, tratando de ingresar a las murallas. Leondre avanza un paso y se aclara la garganta. Al verlo, la multitud se inclina y se arrodilla ante él.
No tengo idea de dónde provienen, pero puedo oler la fragancia de lobos, osos y algunos licántropos.
"¿Qué sucede?", pregunta Leondre con voz de mando. Un hombre y una mujer, cuyas marcas en sus rostros y brazos son similares, dan un paso adelante antes de inclinarse con respeto.
"Mi rey, pertenecemos a la manada...