No podía creer que nuevamente me ocurriera esto. Era como una especie de dejavu de la ocasión en la que Iker me había secuestrado.
Odiaba estar amarrada y con mis ojos vendados. No podía ver absolutamente nada y sentía que el terror me invadía. Mi rostro estaba empapado de lágrimas y cada centímetro de mi cuerpo temblaba, no podía morir, no podía dejar solo a mi hijo.
Él no podía vivir lo mismo que yo, una niñez siendo huérfano. Un niño necesita a su madre y mi Gael me necesitaba a mí y yo lo necesitaba a él.
Intentaba calmarme y pensar fríamente, pero no podía hacerlo. No entendía quien...