Aurora
Mariana me ayudo a vestirme y también contrato a una mujer para que me maquille y me peine.
Era uno de los días más felices de mi vida porque finalmente sería la esposa del amor de mi vida como siempre lo había anhelado.
Mi peinado era alto y lucia el bello vestido que había escogido. Mi maquillajes resaltaba mi tono de ojos.
—Aurora estás preciosa — Expresa Mariana — Estoy segura que harás muy feliz a Ian.
—Eso espero, suegra.
Me sentía muy culpable por haberme entregado a otro hombre. Ian era el hombre perfecto y no se merecía ningúna infidelidad. Él me amaba, me adoraba en cambio para...