Al abrir los ojos me percate de que me encontraba en una habitación desconocida. Estaba conectada a una máquina que me ayudaba a respirar, centraba mi vista en la pared blanca de aquella habitación. Deducía que me encontraba en una clínica.
Levanté la vista y percibí que dos personas entraban a mi habitación. El primero se veía mayor, de unos cuarenta o cincuenta años, debido al color blanco de su atuendo distinguía que se trataba de un médico y al segundo hombre lo conocía a la perfección porque no había día que no lo viera en las noticias.
Sus ojos grises se clavaron en mí. Me escaneo de arriba a...