No logro ver absolutamente nada, mi cabeza está a punto de explotar y mis ojos se encuentran húmedos por qué no he dejado de llorar, siento un intenso nudo en la garganta y me he quedado sin voz de tanto gritar.
No recuerdo con exactitud como llegue a este lugar ni cuanto tiempo ha transcurrido. Siento como si fuera un dejavu de la ocasión en la que Iker me secuestro.
El terror me invade porque ahora no soy una adolescente de dieciséis años. Soy una mujer y una madre, un pequeño me necesita y depende de mí. No puedo morir, no puedo dejarlo solo, como me dejaron a mí.
Salí...