Aurora
Había aceptado almorzar con Miguel porque necesitaba relajarme y olvidarme de todos los problemas que me afligían.
Además él se había portado muy amable conmigo y me había invitado varias veces. Me sentía muy mal al seguir rechazándolo.
Me estaba dedicando a platicarle sobre mi horrible semana y él no dejaba de mirarme atentamente mientras escuchaba mi relato. Debía admitir que hacía mucho tiempo nadie me hacía sentir tan alagada. Hace años no me sentía como una mujer capaz de despertar los deseos de un hombre, me había dedicado únicamente a ser madre.
—Por favor no me mires de ese modo — Reí sonrojada
—No te miro de ninguna...