Dominik no lograba coordinar sus pensamientos, estaba en shock. Sus manos temblaban. Su corazón se desbocó y sin poder evitarlo soltó su móvil, dejándolo caer en el suelo.
—¿Dominik? ¡Di algo por favor! —Samanta demandó por una respuesta.
Aháva estaba confundida y no lograba entender que era lo que le sucedía a su padre, ni porque estaba tan pálido. Se agachó y tomó el móvil que yacía en el suelo. Dominik se vio obligado a sentarse en una banca cercana, debido a un repentino mareo.
—¿Que sucede, papá? —Indagó la niña.
Samanta oyó esa dulce voz a través del móvil y su corazón se aceleró.
—Aháva. Bebé. Soy yo. Mami...