—¿Estás seguro de esto amor? —Le preguntó Charlotte a Carlos una tarde mientras verificaban la lista de invitados.
—Sí. Quiero que él sea nuestro padrino de bodas.
—Pero cielo, ¿acaso no tienes más amigos en América? No sé, no me parece buena idea.
—Ya lo decidí Charlie, quiero que Dominik sea mi padrino de bodas, y ni una palabra de esto a Sam —sentenció Carlos.
Charlie resopló con resignación, sabía que su prometido era más terco que una mula y no habría poder humano que lo hiciera cambiar de idea.