Samanta miró una vez más las llaves que tenía entre sus manos temblorosas. Eran las llaves de la motocicleta de Gordon, la cual acababa de estacionar frente a su casa. Levantó su mirada y la clavó en Dominik, quien le sonreía con amplitud. Dentro de ella había un fuerte conflicto de emociones. Deseaba estar a su lado, abrazarlo y besarlo, pero no quería hacerse más ilusiones. Sabía que en un par de semanas, él tendría que regresar a su país, a su rutina… sería cuestión de tiempo que la olvidara. Ella iba a ser un simple romance de verano. En ese instante decidió disfrutar eso, mientras durara.
—¿Quieres entrar? —Dijo...