Después, de sus retrasadas y acusadoras reflexiones, sobre lo que acababa de experimentar con Christopher, Amber arrancó de nuevo su coche, hasta llegar al edificio donde reside con su madre. Al llegar, al apartamento más tranquila, quiso seguir directamente a su habitación, pero su madre la estaba esperando en la sala de estar.
—¿Amber, eres tú? —preguntó su madre inquieta e intranquila, al darse cuenta de que alguien entró. Ella, se levantó del sofá y salió al encuentro de su hija.
—¡Si madre! Soy yo —respondió Amber, sin querer dar la cara, por miedo a delatarse.
—¿Hija, vas a comer? —interrogó su mamá cariñosamente, dibujando una sonrisa con sus labios....