Christopher, apoderándose totalmente de la boca de Amber, jugaba con su lengua, la succionaba, saboreaba y recorría su cavidad bucal. Por su parte, ella con su piel totalmente enchinada, disfrutaba cada beso y caricia. Anhelaba estas emociones y las extrañaba.
Amber, levantando sus brazos, rodeo el cuello de él, respondió a cada uno de sus toques, besos y caricias, dejando que este, con plena libertad, recorriera su boca, cuello y orejas.
—¡Dios, mío! Pensé que nunca iba a saborear tus labios, tu boca, tu aliento, mi amor —resolló él, haciendo estremecer más el cuerpo de ella.
—¡Por favor, Christopher! Por-por fa-fa-vor —jadeó ella, sin poder controlar lo que estaba sintiendo—...