Christopher, a las dos horas subió de nuevo a la habitación, encontrando a Amber, abrazando la almohada como si fuera él. Le dio un beso y ella se movió agarrándolo, hablándole pero sin abrir los ojos.
―¡Abrázame mi vida! Te necesito ―suplicó ella, haciendo un puchero que a Christopher lo derritió y se acostó de una vez a su lado, abrazándola, para que continuara durmiendo.
―¡Sí, mi amor, aquí estoy! Y siempre estaré contigo ―recitó él, besándole suavemente los labios.
―¡Yo, yo lo sé! ―respondió ella, moviéndose hacia él, subiéndose sobre su cuerpo, inmovilizándolo de esta manera― No me dejes sola ―suplicó ella.
―Sí, mi amor, aquí me quedó contigo...