—Creo que deberíamos irnos, porque tus amigos están abajo de las escaleras, escuchándonos.
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Lía y Doro no me daban tregua. Literalmente. Habían sido testigos de todo lo que estaba pasando con Humberto y querían saber cada decisión que tomara respecto a él.
Pero me resistía a decirles que me había invitado a salir. Aunque tampoco quería ocultarles nada.
Era una batalla inútil, en realidad. Después de llegar a casa, me tomó unos minutos de debate interno, y antes de darme cuenta, ya los había llamado en una conferencia.
—¿Qué dijiste cuando te invitó a salir? —preguntó Lía.
—Sí, ¿qué dijiste? —repitió Doro.
—Dije que sí.
Hubo un momento de...