Bufé y crucé los brazos sobre mi pecho. Miraba a Humberto comer tranquilamente mientras lo fulminaba con la mirada.
Podría levantarme de la mesa e irme de la cafetería, pero tenía hambre y no quería abandonar el campo de batalla. No cuando él me estaba desafiando en mi propio terreno.
Cogí el tenedor con cuidado y volví a comer, muy consciente de las miradas furtivas que Humberto me lanzaba constantemente.
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La semana que siguió fue una de las más frustrantes y exasperantes de mi vida. En esos días, Humberto no solo hizo una declaración, sino que fue más allá y lanzó un desafío al mundo entero, colocándome en el...