Recobrando la compostura, simplemente me di la vuelta y huí de la escena. Bajé corriendo las escaleras y me detuve un momento para recuperar el aliento.
Me sentía increíblemente estúpida.
¿Qué esperaba de él? ¿Pensé que unos cuantos besos robados lo cambiarían y lo harían menos imbécil? Creo que por un momento olvidé de quién estaba hablando. Los chicos como Humberto Campa nunca cambiaban. Era un playboy y no le importaba nadie. Rompía el corazón de todos, y yo no sería la siguiente en su lista, me juré a mí misma.
Pegando una sonrisa en mi rostro, me reuní con mis amigas. No cuestionaron mi prolongada desaparición, lo cual agradecí....