Antúnez y Amolo estaban inmersos en su trabajo. Antúnez horneaba pasteles, mientras Amolo cubría las reposterías con glaseado. Se veían increíblemente bien. Las reposterías, me refiero.
Antúnez levantó la vista y me dedicó una cálida sonrisa.
—Hola, Zenaida. ¿Cómo estuvo tu primera semana de clases?
—Cansada. Y llena de drama.
Ella se rió.
—Así es el último año.
Me acerqué a ella y le planté un beso en la mejilla. Luego, me acerqué a Amolo y también le di un beso. Tenía los auriculares puestos y ni siquiera me vio llegar.
Amolo era un buen tipo y un gran amigo mío. Si tan solo no fuera gay. Me devolvió el...