Doro se levantó de la cama rápidamente cuando sonó el timbre y corrió escaleras abajo para abrir la puerta y dejar entrar a Humberto.
Lía puso ambas manos sobre mis hombros y me miró a los ojos.
—Te ves hermosa. Solo no hagas lo que yo no haría.
Sonreí y la abracé. Ella me dio unas palmaditas en la espalda.
—Te quiero, ¿de acuerdo? Ahora ve, él te está esperando.
—¿No vas a bajar?
—Tengo que recoger todo mi maquillaje antes de que Dorotea vea este desastre y no me deje volver a su casa. —Lía se rió.
Miré a mi alrededor y, efectivamente, la habitación era un caos. Ropa...