—Supongo que Humberto tiene más de lo que pensaba.
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—Sabes, pensé que ibas a cancelar hasta el último minuto —dijo Humberto, mirándome mientras conducía hacia el destino que había planeado y se negaba a decirme.
—Casi lo hice —respondí con honestidad. Seguí teniendo dudas sobre todo esto. Incluso ahora me preguntaba si habría alguna forma educada de pedirle a Humberto que diera la vuelta y regresáramos a casa de Doro.
Suspiró.
—Bueno, supongo que merezco eso.
—Sí, lo mereces —respondí rápidamente, y miré de reojo a Humberto, que apretaba el volante con más fuerza de la necesaria, sus nudillos poniéndose blancos.
—¿Has tenido alguna vez una cita antes? —dijo...