—... Eres tú para mí y para mi lobo.
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—¿Qué? —mi voz salió pequeña e insegura mientras miraba a Humberto, tratando de verificar si lo había escuchado correctamente.
—Ana encontró a su compañero en un hospital hace seis meses, luchando contra el cáncer. Ya estaba en la etapa terminal y, siendo humano, ese chico de 20 años no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir. Yo ya te había rechazado, y luego, viendo que ella no tenía compañero, la elegí como mi Luna elegida.
Asentí débilmente. Sentía lástima por ella, de verdad.
—¿Alguna vez dormiste con ella? —pregunté con cautela, ya sabiendo la respuesta en mi interior.
Él bajó la cabeza...