Comenzó a besar lentamente todo el camino hasta mi mandíbula, mis labios hormigueaban ahora; no podía esperar para probar sus labios que tan hábilmente me estaban dando tanto placer.
Con cada beso, podía escuchar mi corazón latir en mi pecho y el calor inundar mi cuerpo. Ya había dejado de intentar controlar mis gemidos; era una causa perdida. Con cada gemido y sonido que hacía, podía sentir la impaciencia y la excitación de Humberto.
Besó la comisura de mi boca, lo que casi me hizo caer de rodillas, rogándole que me besara ya. Gemí de nuevo, más por impaciencia que por placer.
Se detuvo un momento, su aliento caliente rozando...