—Voy a divertirme tanto rompiéndote —susurró.
Una mano grande y cálida me agarró del codo, y me di la vuelta para ver quién era.
—¿Qué hace una chica tan bonita como tú sola aquí atrás? —Fruncí la nariz al sentir el asqueroso olor a alcohol y cigarrillos que despedía. El hombre que tenía enfrente no parecía un vagabundo, ni de cerca. La tenue iluminación del callejón me impedía distinguir bien sus rasgos, pero podía ver que estaba acompañado por los dos amigos que antes había visto fumando y riendo al final del pasillo.
Las alarmas comenzaron a sonar en mi cabeza al observar a los tres hombres completamente ebrios. Todo...