—Creo que deberíamos irnos. Si llego un minuto tarde después de las doce, ¡Dorotea me arrancará la cabeza!
***
—¿Por qué elegiste un BMW?—. Me preguntó Humberto. Habíamos estado jugando a las veinte preguntas y llevábamos horas yendo y viniendo, y para mi sorpresa, me estaba divirtiendo mucho.
Resulta que Humberto puede ser menos idiota cuando realmente se lo propone. Habíamos hablado y reído. Y hablado. Y reído. Mucho.
Solté una risita.
—Creo que la pregunta debería ser: "¿por qué no un BMW?"
—¡Me atrapaste!—. Se echó hacia atrás y se rió, sus hombros temblando, mostrando lo genuino que era en ese momento.
Habíamos terminado de comer los sándwiches hace...