Ya ha pasado una semana desde que Lía me dio la noticia de su embarazo.
Desde aquel almuerzo tan incómodo, no he vuelto a ver a ninguno de los dos ni he ido a visitar a mis padres.
Austin y yo les dijimos que estos últimos días hemos estados muy ocupados con la universidad y su trabajo. Alexeyn ha llamado y texteado, pero no tengo el valor de hablar con él y menos después de la noticia que me dio mi hermana.
Ambas tendremos un hijo del mismo hombre.
Si mis padres estuvieran al tanto de la verdad, no lo soportarían.
Mi padre llamó esta mañana para que fuéramos a cenar a su casa, ya que todos estarán reunidos. Quieren compartir en familia.
Al principio quise poner alguna tonta excusa, pero luego de escuchar a mi padre casi suplicarme para que fuéramos acepté.
—Hermosa, debes salir de esa cama ya o llegaremos tarde a la casa de tus padres —habla Austin parado en el umbral de la puerta. Se recuesta en el marco.
—La verdad es que no tengo ganas de ir. —Hago un gesto de fastidio—. No creo soportar otra escena de parte de Lía.
—Ya le prometimos a tu padre que iríamos. Tienen una semana sin verte. Se van a preocupar si no vamos.
Tiene razón. Mis padres querrán venir a ver qué sucede, y es lo que menos necesito ahora.
—Está bien. Puedes cambiarte y alistarte mientras yo hago lo mismo.
Sonríe y sale de mi habitación, dejándome a solas.
Luego de veinte minutos y de una búsqueda en mi armario por algo que me quedara porque mis pantalones ya no me abotonan, me pongo un vestido un poco holgado y me calzo unas bailarinas para estar lo más cómoda posible.
Austin se coloca un suéter bastante casual, unas bermudas negras y unos zapatos del mismo color. Él no necesita mucho para verse bien. Cualquier cosa lo hace lucir atractivo.
Salimos de mi departamento ya listos para ir a casa de mis padres.
Sé que será una velada llena de tensión por mi parte, ya que tendré que sentarme en la misma mesa que Alexeyn, pero debo ser fuerte. Debo acostumbrarme a que esto será más que normal.
—Emm, ¿te pasa algo? —Austin me saca de mis pensamientos—. Te veo distraída.
—No, solo pensaba. —Le doy una cálida sonrisa—. Eso es todo.
—¿Te puedo preguntar algo? —suelta algo nervioso. Asiento—. ¿Has estado en contacto con el padre del bebé?
Su pregunta me pone algo nerviosa y me aterra, pero me controlo.
Suspiro.
—No te voy a mentir —miro el camino para intentar esquivar su mirada—, lo sospecha, pero no le he confirmado nada.
—Ese patán no merece ni siquiera saberlo. Te abandonó y no le importó qué sintieras por eso.
—Lo sé, y por lo mismo no le he dicho la verdad. —Suspiro—. No siento que tenga derecho alguno sobre mi hijo. Nosotros no lo necesitamos.
Me toma de la mano y deja un casto beso en ella. Conduce el resto del camino sujetándola. Entretanto, con la otra maniobra el timón.
Luego de un largo viaje, llegamos a casa de mis padres. Estacionamos el auto en el garaje y entramos por la puerta que da al jardín trasero, donde se encuentran todos. Visualizo a mi madre poniendo la mesa y a mi padre con el prometido de mi hermana en el asador. La puerta suena. Toda las miradas se posan en nosotros. Austin me agarra por la cintura. Veo que la mirada de Alexeyn cambia con rapidez.
—Llegaron. —Nos acercamos a ella—. Pero mira nada más, ya la barriguita está empezando a crecer. —Mamá está emocionada mientras acaricia mi pequeño vientre—. ¿Cómo te has sentido, hija?
—Bien, madre —la abrazo—, ya los malestares no son tantos. Austin siempre me mima y me acompaña.
Observo a Alexeyn, que mira a Austin con enojo, pero él no se percata.
—Eso habla mucho de ti, hijo. —Mi madre lo saluda—. Serás un excelente padre.
—Eso espero ser, señora Agnes.
—Nada de señora, cariño. Puedes decirme Agnes o madre.
Austin sonríe y asiente.
Nos acercamos a mi padre.
Después de saludarlo, me tiendo en sus brazos.
—¿Cómo has estado, mi vida?
—Muy bien, papito. ¿Cómo estás tú? —Le doy un beso en cada mejilla—. Te veo de muy buen ánimo.
—Tengo muchas razones para estarlo. —Sonríe—. Tengo a mis dos hijas conmigo y, sobre todo, seré abuelo muy pronto.
—Así es, papá.
—Que bueno verte de nuevo, hijo —saluda a Austin—. ¿Me acompañas a buscar unas cervezas?
—¡Claro! —Me da un beso en la mejilla—. Ya regreso, hermosa.
Asiento y veo cómo caminan hacia la entrada de la casa.
Me giro en dirección a Alexeyn, tomo aire y trato de sonreír lo más natural posible.
—Alexeyn, que gusto verte —saludo irónica—. Fue un placer saludarte.
—Le doy la mano.
Cuando estoy a punto de girarme, me toma del brazo
—Emma, ¿por qué no contestas mis llamadas y mensajes? —Me mira serio—. Tenemos que hablar.
Miro hacia donde se encuentran mi hermana y mi madre. Por suerte, ambas están ocupadas conversando mientras colocan la mesa.
—No tengo por qué hacerlo. Tú y yo no tenemos nada que hablar. —Me suelto de su agarre—. No me molestes más.
—¿Por qué sigues con ese imbécil? No lo quiero cerca de ustedes. —Lo fulmino con la mirada—. Es mejor que hablemos. Si no, soy capaz de hablar ahora mismo frente a todos y decir la verdad —me reta.
—Tú no tienes ningún derecho de reclamar algo. —Lo observo con odio—. Ese privilegio lo perdiste desde el momento en que me mentiste y jugaste conmigo —escupo furiosa—. Y no tengo por qué responderte nada porque te vas a casar con mi hermana y no tenemos nada que hablar. Ahora, si me disculpas, me voy. —Lo dejo solo y me marcho.
Veo a mi madre y a mi hermana sumergidas en una plática sobre su boda. Me acerco a ellas. Luego de un momento, unas manos se enredan en mi cintura y unos labios me dan un beso en la frente. Me giro y contemplo a Austin detrás de mí. Le sonrío. Mi madre nos ve con ternura. Mi padre regresa al asador y retoma su plática con Alexeyn mientras le ofrece una cerveza.
—Sabes que no te verás igual después del parto, ¿no?
El comentario de mi hermana hace que toda mi atención caiga en ella. —No te preocupes por eso, seguirá viéndose igual de hermosa. —Austin me guiña un ojo. Sonrío—. ¿No es así?
—Claro que sí. Además, tú me querrás así, ¿no es así?
—Por supuesto.
Reímos.
Mi hermana hace un gesto de aburriendo, que pasa desapercibido por los demás.
Mi madre avisa que la mesa está lista. Todos tomamos asiento. Austin toma asiento a mi lado. Frente a nosotros están Lía y Alexeyn. Mi padre en la cabeza y mi madre a su costado. Comemos entre pláticas y bromas.
—¿Qué tal Alemania, muchacho? ¿Cómo se encuentran tu madre y tu hermana?
—Fue una experiencia bonita, pero permanecer allí de por vida no es lo mío. Bueno, mi madre se casó y mis hermanas están estudiando.
—Me alegro mucho por ambas.
—¿Ya le contaron a papá que Austin es dueño de sus propias empresas?
Miro a Lía; sonríe con falsedad.
—¿Eso es cierto? —inquiere mi madre—. ¿Cómo es eso posible?
—Mi padre heredó hace unos años las empresas de mi abuelo. Desde entonces, se ha encargado de manejarlas discretamente, pero por un problema de salud tuve que tomar el puesto y manejarlas a partir de ahora.
—Es una responsabilidad muy grande la que estás tomando, muchacho —comenta mi padre anonadado—. Manejar una empresa es algo difícil. Manejar varias no me imagino.
—Es solo cuestión de saber hacerlo, señor —le dice tranquilo—. Los negocios me apasionan. Ahora que tengo por quién trabajar me apasionan el doble.
Acaricio su mejilla con ternura.
El verlo expresarse tan lindo y tomarnos en cuenta siempre hace que mi corazón salte de alegría.
—Me alegro mucho, querido. Espero que te vaya muy bien en los negocios —expresa mi madre—. Sin embargo, tengo una duda. ¿Piensan mudarse del departamento de Emma?
—Aún no hemos hablado al respecto, pero está en mis planes. Si Emma está de acuerdo, sí. —Agarra mi mano—. Necesitamos un lugar donde nuestro bebé esté cómodo, y cuando sea grande, tenga dónde jugar y compartir cómodamente.
La comida sigue entre pláticas de fútbol y otras cosas entre ellos.
Como en silencio mientras todos hablan.
Siento unas leves náuseas. Me levanto de la mesa con la excusa de que necesito ir al baño, entro a la casa de mi madre y subo a mi antigua habitación en busca de mi baño privado. Busco el botiquín de primeros auxilios. De él saco el frasco de alcohol junto a una bolita de algodón, que mojó un poco. La inhalo para poder calmar las náuseas. Luego de un rato, se me pasan. Guardo todo y me lavo las manos.
Cuando estoy a punto de salir, la puerta se abre. Alexeyn entra y cierra la puerta detrás de él, no sin antes ponerle el seguro. El miedo empieza a invadirme.
—¿Qué haces aquí? —susurro—. Si alguien se entera de que estás aquí, nos buscarás un serio problema.
No me responde, antes me sujeta por la cintura y me sube a la mesa del lavamanos. Abre mis piernas y se mete entre ellas.
—No soporto a ese imbécil cerca de ti, Emm. —Sus labios rozan los míos—. Tú eres mía.
Trato de apartarlo, pero es en vano. Una de sus manos sujeta la parte trasera de mi cabeza y me empuja hacía su boca. Atrapa la mía en un dulce beso que al principio trato de resistirme, pero luego pierdo toda cordura. Mi mente se queda en blanco. Se me había olvidado el sabor de sus labios y cuánto los extrañaba. Le sigo el beso; nuestras bocas danzan entre sí. El beso se vuelve más apasionado. Chupa mi labio inferior e introduce su lengua en mi boca. Sus manos bajan a mis piernas hasta llegar al final de ellas. Siento cómo acaricia mi sexo por encima de mi ropa interior. Suelto un gemido. Agarra mi bragas y las hala tan fue que las rasga. Me separo de su boca y lo miro enojada.
—¿Por qué hiciste eso? Eran mis favoritas. —Lo fulmino con la mirada.
—Mientes —murmura—. Tus favoritas son las blancas. —Me vuelve a besar.
Enredo mis manos en su cuello y jalo su cabello. Una de sus manos acaricia los pliegues de mi feminidad con lentitud. Mi cuerpo se eriza. Poco a poco introduce dos dedos dentro de mí y comienza a moverlos de adentro hacia afuera. Gimo de placer.
—Alexeyn, para, o me voy a correr —digo jadeante—. No podemos hacer esto.
—Shhh, calla, o nos oirán —musita en mi oído y muerde el lóbulo de mi oreja—. Extrañaba tanto verte así, nena.
Reparte besos por mi cuello hasta llegar a mis pechos, que libera del vestido. Los acaricia, besa y chupa. Están tan sensibles. Gimo más de placer.
—Dios, Alexeyn. —Tiro de su cabello con un jadeo—. Para, me voy a correr.
—Shhh. Todavía no, nena.
Saca sus dedos de mi interior y se los lleva a la boca para chuparlos. Verlo hacer eso me hace calentarme más. Acaricia mis senos con ellos y después mis pezones, que chupa y muerde. Sube mi vestido hasta mis caderas, abre mis piernas más y se agacha; queda a la altura de ellas. Su boca llega a mi feminidad. Introduce su lengua mientras chupa y lame con devoción mi clítoris.
—¡Dios! Alexeyn, voy a correrme —balbuceo.
«¡Maldición! Esto no está bien».
Saca su boca de mi feminidad. Cuando veo sus intenciones de soltar el botón de su pantalón, lo aparto y me levanto con rapidez.
—¿Qué pasa, nena?
Me aparto de él, acomodo mi vestido y lavo mi rostro. Intento tranquilizarme como puedo.
—Esto no tuvo que haber pasado, Alexeyn. Eres el prometido de mi hermana —susurro—. Esto fue un error.
—Emm, no amo a Lía. —Suspira—. Desde que regresé con tu hermana, no la he tocado, tampoco a otra mujer. —Trata de acercarse, pero me alejo—. Emm, debes creerme.
A mi mente viene la imagen de Austin. Mi corazón me dice que no le falle, no a él. Recuerdo el embarazo de mi hermana. Es algo que también me atormenta un poco más.
—Lo siento, Alexeyn, no le puedo hacer esto a Austin —explico frustrada—. Me tengo que ir, sino sospecharán.
Trato de marcharme, pero él me jala por el brazo y me empotra contra la puerta.
—Dime que no te has acostado con él —murmura irritado—. Dímelo,
Emm.
—Ese no es asunto tuyo. —Lo aparto—. Es mi vida. Si me acuesto o no con él, es mi asunto.
—No soportaría saber que otro hombre te tocó, Emm. —Me sujeta de la cintura y me da un beso en la frente. Luego se arrodilla frente a mí y acaricia mi pequeño vientre abultado—. Pórtate bien, cariño. No hagas sentir mal a mamá. —Le da un beso—. Papá te ama mucho, princesa.
—¿Princesa? Aún ni siquiera sabemos qué es.
—Sé que será una niña, mi intuición me lo dice. —Acaricia mi abdomen por última vez, se levanta y planta un beso en mis labios—. Cuídate. Te llamaré pronto. Si no me respondes, iré por ti a tu departamento y no me importará quién se entere de todo.
Salgo de mi habitación, bajo las escaleras y salgo al patio.
Veo a mis padre junto a mi hermana y Austin. Conversan entretenidos. —Te demoraste mucho —me dice Austin preocupado—. ¿Pasa algo?
—No es nada. Me quedé un rato acostada en mi cama. No me siento bien. —Sonrío un poco—. Las náuseas quisieron volver.
—¿Quieres que nos marchemos?
—La verdad, sí. Me siento agotada y con mareos.
Asiente.
—Nosotros también nos vamos. Iré por Alexeyn. Fue a contestar unas llamadas de negocios hace un buen rato —comenta Lía—. Espero que no haya problemas.
Me despido de mi hermana y de mis padre. Luego salgo junto a Austin antes de que regresen Lía y Alexeyn. Austin me vuelve a preguntar si me encuentro bien. Trato de esquivar sus preguntas diciéndole que solo estoy agotada. Subimos al auto y nos marchamos rumbo a mi departamento.
No puedo sacarme de la cabeza lo que pasó con Alexeyn. Por más que quiera negarlo, debo aceptar que aquel encuentro removió muchas cosas dentro de mí.