Llegamos a casa de mis padres. Austin se estaciona en el garaje. Bajamos del auto y caminamos hacia el patio trasero, donde mi madre arregla la mesa del jardín.
—Señora Agnes —mi madre levanta la mirada. Al vernos, sonríe—, es un placer verla nuevamente.
—Oh, estaba a punto de marcarles. —Camina hacia nosotros y abraza a Austin—. Que bueno verte de nuevo, muchacho. ¿Cómo estás?
—Muy bien, señora Agnes. Feliz de estar con ustedes otra vez.
—A nosotros también nos alegra tenerte nuevamente con nosotros. —
Le da un beso en la mejilla y se acerca a abrazarme—. ¿Cómo estás, cariño? —Muy bien, mamá. Vine a visitarlos y a saber cuándo llega mi hermana.
—Esa era la razón por la cual los iba a llamar. —Aplaude—. Tu hermana está por llegar. Su avión ya debió aterrizar, así que esta misma tarde estará con nosotros. —Da saltos de felicidad mientras.
Austin y yo nos reímos.
Lía y yo nunca hemos tenido una relación tan cercana, como debería ser entre hermanas. Desde que tengo memoria, hemos sido diferente una de la otra. Para ella todo lo que yo hiciera estaba mal y no era apropiado en una señorita. Es perfeccionista. Le gusta mantener todo en su vida bajo control. En ocasiones, es demasiado exagerada en algunos temas. Todo lo que yo haga nunca va estar bien para ella.
Desde que se fue a estudiar al extranjero, nunca nos visitó. Según ella, no tenía tiempo nunca, algo que nunca creí, pero no podía romper el corazón de mis padres.
Mi padre acomoda la comida sobre la mesa y mi madre se encarga de que todo esté listo.
Subo a mi habitación y me cambio de ropa, ya que los vaqueros me quedan muy ajustados y no me siento cómoda. Busco un traje, de los que dejé en mi armario, y me lo coloco.
Escucho tres golpecitos en mi puerta, por lo que me acerco para abrirla. —Emm, tu madre me mandó a buscarte. Tu hermana está por llegar.
—¿Estás listo para escuchar toda la noche a mi hermana alardear de sus logros y criticar a los demás? —le inquiero en un tono sarcástico.
Se ríe.
—Estoy tan acostumbrado como tú. —Se encoge de hombros, restándole importancia, y sonríe—. No creo que haya cambiado.
Bajamos las escaleras hacía la sala.
Unas risas llaman mi atención.
Mi madre aparece y me mira entusiasmada.
—¿Ya llegó mi hermana, madre?
—Sí, cariño. Está en la sala. —Abanica su rostro con sus manos—. No sabes cuán feliz estamos por la noticia que nos ha dado. Espero que también te alegre tanto como a nosotros.
Caminamos detrás de ella hacia la sala. Veo a mi hermana sonreírle a un hombre que se encuentra sentado frente a ella. No logro verlo porque nos da la espalda. Me sonríe y camina hacia mí para abrazarme.
—Qué cambiada estás. No luces como antes.
Entorno los ojos.
Me observa de arriba abajo con un gesto que no me agrada.
—No puedo decir lo mismo que tú, Lía. —Sonrío con falsedad—. Sigues siendo… tú.
Hace un gesto con su mano, restándole importancia. Mira a Austin y le sonríe sin tan siquiera saludarle. Camina hacia aquel hombre y se para frente a él.
—Cariño, ven. Te presentaré a mi hermana. —Lo toma de las manos. Él se levanta.
Cuando por fin logro verlo frente a frente, desearía no haberlo hecho.
Mi mente se queda en blanco y mi cuerpo se paraliza de un momento a otro.
Observo sin parpadear a la persona que está frente a mí.
A mi mente le cuesta creer lo que ve. Siento cómo todo me da vueltas, Me agarro de la mano de Austin. Escucho voces, pero sigo en shock.
—Emm, ¿estás bien? —Austin me escudriña y me sujeta por la cintura con rapidez.
Me veo obligada a sostenerme de sus brazos para no desplomarme.
—Mi solecito, ¿estás bien? —Mi padre se acerca preocupado—. Luces pálida, pequeña.
—Solo fue un pequeño mareo por bajar las escaleras tan rápido, padre. No hay de qué preocuparse.
—Emma, él es Alexeyn, mi prometido. —Lo sujeta del brazo como toda una novia enamorada que presume a su futuro esposo.
Mi pecho se encoge y empieza a doler al darme cuenta de que todo era verdad, de que Alexeyn me mintió, pero aún más al descubrir que la persona con la cual mantiene una relación y se va a casar es mi hermana.
Me tiende la mano mientras me contempla con seriedad. Sus ojos destellan con tristeza. En cambio, los míos resplandecen con furia y decepción.
—Un placer, joven. Soy Emma, pero eso ya usted lo sabe porque se lo dijo mi hermana. —Le doy la mano de manera cortés y se la suelto lo más rápido posible.
—El placer es todo mío, Emm.
—Emma. Emm solo lo dicen de cariño las personas que me quieren realmente.
Arruga los labios, me observa y cierra los ojos por un momento, como si mis palabras le hubieran dolido.
—Cariño, él es Austin. Es amigo de Emma desde que eran unos niños.
Austin le tiende la mano.
Alexeyn le ofrece la suya con cortesía.
—Ya que todos se conocen, es hora de pasar a la mesa, o la comida se enfriará —expresa mi madre gentil.
Todos caminamos hacia el jardín. Mi padre toma asiento en la cabecera de la mesa, como siempre, y mi madre a su lado. Austin y yo nos sentamos a mano derecha. Lía y su prometido toman asiento a mano izquierda.
Austin me toma de la mano y se acerca a mí.
—¿Qué sucedió? ¿Por qué te pusiste tan pálida? —susurra en mi oído.
—No sé, de repente me sentí tan débil. —Lo miró y sonrío. Trato de actuar normal.
—No te estás alimentando bien, cariño. —Mi madre me da una mirada desaprobatoria—. Debes tener las defensas bajas.
—No te preocupes, mamá, desde la mañana ya me sentía mal. Es el estrés de estos días.
—Debes relajarte, pequeña —comenta mi padre—. No quiero que nada malo le pase a mi solecito.
Sujeto su mano y le sonrío con ternura.
Siento una mirada sobre mí. Miro hacía al frente; me encuentro a Alexeyn mirándome fijamente sin expresión alguna. Lo veo un instante. Luego me giro, observo a Austin y le sonrío.
—¿Me pasas la sal? —le pido con cariño a Austin, que me la pasa—.
¡Gracias!
—De nada, hermosa. —Me da un beso en la mejilla.
Mis padres sonríen, Lía entorna los ojos y Alexeyn nos observa serio.
La cena transcurre con normalidad. Mi madre le cuenta a mi hermana todo lo que ha hecho este tiempo, al igual que mi padre. Evito cruzar miradas con el novio de mi hermana toda la noche, pero, a pesar de eso, la siento en mí a cada momento.
—¿Y cuánto tiempo llevaban de novios antes de comprometerse? — interroga mi madre.
Todas las miradas caen sobre ambos.
—Casi dos años —responde mi hermana con una sonrisa—. Los más felices de mi vida.
Suspiro y trato de sonreír.
Creo que mi corazón termina de quebrarse en miles de pedazos.
—¿Por qué nunca nos hablaste de él cuando hablábamos contigo? — cuestiona mi padre.
—Jamás pensé que fuéramos novios tanto tiempo, padre.
—¿Y eso por qué? —curiosea mi madre—. ¿Pasó algo?
—En toda relación hay altas y bajas, pero supimos superarlas juntos — contesta y entrelaza su mano con la de él—. ¿No es así, Alex?
—Así es, cariño. —La mira con un intento de sonrisa.
Quito mi mirada y me dedico a observa la comida de mi plato.
—Has estado muy callada, hija. ¿Te sientes bien? —me pregunta mi madre.
Niego con una sonrisa.
—Todo bien, madre, solo estoy algo agotada por el día.
—Tranquila. Ahora que lleguemos al departamento te prepararé un té, hermosa. —Austin me sonríe y besa mi mano.
—¿Llegan? —suelta mi hermana—. ¿Estás quedándote con Emma?
La mirada de Alexeyn viaja hacía Austin con rapidez.
Mis padres esperan una respuesta.
— Sí, se está quedando conmigo —respondo rápido—. Le pedí que viviera conmigo para no sentirme tan sola.
Mi hermana nos contempla con una ceja arqueada.
Mis padres sonríen.
—Me alegra que sigan siendo unidos, hija —opina mi padre—. Espero que la cuides bien, Austin.
—Con mi vida, señor. Ella es muy importante para mí. —Me sonríe y planta un beso en mi frente.
Es la persona que siempre ha estado para mí. Siempre se lo agradeceré.
—Entonces, ¿ya es oficial? —inquiere mi hermana—. ¿Ya son novios? —Lía, basta. No molestes a tu hermana.
—Solo pregunto, madre. Siempre han sido muy unidos, hasta duermen en la misma cama.
—Deja a tu hermana ya, Lía —le espeta mi padre—. No empieces con tus cosas.
Ella pone los ojos en blanco y agarra la mano de Alexeyn.
Mi madre se levanta de la mesa y trae el postre, lo corta y reparte las porciones.
Corto un pedazo de mi dulce y me lo llevo a la boca. Cuando lo hago, siento toda la comida subirme a la garganta. Corro directo al baño de invitados bajo la mirada de mi familia y vomito todo lo que había cenado. Me siento un poco mareada. Austin llega a mí y me ayuda a levantarme. Me enjuago la boca. Cuando salgo, mi madre camina preocupada hacia mí con mi padre.
—Algo no anda bien en ti, señorita. Ahorita mismo nos vamos al médico para ver qué es lo que tienes —expresa mi madre preocupada.
—Es cierto, cariño. Ahora mismo te llevaremos al médico. —Mi padre me mira intranquilo.
—No hace falta. Sé muy bien lo que tengo. —Miro a Austin, que me sujeta de la cintura y asiente, dándome apoyo para decirles la verdad a mis padres. Respiro hondo antes de hablar para tomar valor y contarles—.
Madre, padre, estoy embarazada.
Austin me da un beso en la frente.
Mis padres y mi hermana están en shock. Ni hablar de Alexeyn, que luce pálido.
—¿Embarazada? —jadea mi padre—. Pero ¿cómo? ¿Cuando? ¿Quién es el padre?
Cuando voy a contestar, Austin se me adelanta y toma la palabra.
—Yo soy el padre de ese bebé que lleva Emm en el vientre.
Mis padres quedan aún más sorprendidos.
La cara de Alexeyn cambia de asombro a enojo.
—¿Cómo es posible? ¿No acabas de llegar de Alemania? —le indaga mi madre confundida.
—Lo cierto es que llevamos meses de novios. Desde entonces, nos veíamos cada vez que venía por unos días.
—¿Por qué nunca nos dijeron nada? —recrimina mi padre.
—Lo siento, papá. Austin y yo no sabíamos cómo lo tomarían.
—¡Oh, por Dios, voy a ser abuela! —grita mi madre feliz y me abraza—. Voy a ser abuela.
Mi padre nos observa un momento serio. Le sonrío. Suspira y se acerca para abrazarme.
—Saben que lo que viene no es nada fácil, ¿verdad? Ahora una persona dependerá de ustedes. ¿Cómo harás con la universidad? ¿Cómo se mantendrán?
—De eso no se preocupe, señor Emil. Me haré cargo de todo lo que necesiten ambos. Eso se lo prometo.
—No tienes un trabajo estable, ¿o sí? —se mofa Lía—. Digo, se vienen muchos gastos. ¿Como le harás?
—No tienes por qué preocuparte, Lía. Como dije, tengo todo bajo control.
Mi hermana opina. Como siempre, es para criticar.
—En ese caso, felicitaciones. ¿Cierto, cariño? —Mira Alexeyn, que me contempla.
—Sí —es lo único que responde.
Me rehúso a darle la mirada.
Esta noche no ha hablado mucho. Lo poco que lo ha hecho es solo para responder sí o no.
—¿Qué tiempo tienes, cariño? Ya quiero saber qué será.
—Aún es muy pronto para saber qué será, madre. Tendrás que esperar un poco para eso.
—¿Por qué, hija? —pregunta mi padre.
—¿No creen que primero debieron haberse casado y luego los hijos? — ataca Lía de nuevo.
Ya se me hacía extraño no escuchar una crítica por parte de ella en todo esto.
—No es necesario firmar primero un papel para tener hijos —contesto fastidiada—. Además, un papel no te garantiza felicidad y mucho menos que te amen —suelto todo el veneno que ya tenía dentro.
Mi hermana me mira furiosa y Alexeyn baja la mirada. —Bueno, creo que es momento de que nos marchemos —nos interrumpe Austin—. Emm no se ha sentido bien el día de hoy y necesita descansar.
—El muchacho tiene razón, cariño. —Mi padre se acerca y me da un beso y un abrazo—. Cuídate mucho, mi solecito.
—Eso haré, papi, te lo prometo.
—Recuerda llamarme por cualquier cosa, cariño. Espero que nos visiten más seguido. —Mi madre me da un beso y un abrazo muy fuerte.
—Me alegro verte, hermanita. —Lía me tiende la mano. Le doy la mía—. Nos estaremos viendo seguido. Ya que la boda se realizará aquí, debemos quedarnos una temporada.
Sonrío con falsedad y miro a Alexeyn, que no despega su mirada de mi abdomen.
Me despido lo más rápido de mi hermana y de Alexeyn y nos marchamos.
En todo el camino, Austin no dejó de preguntarme qué me pasaba y por qué estaba tan rara en la cena. Luego de repetirle varias veces que solo estaba agotada, se quedó tranquilo.
Mi mente no para de repetirme las imágenes en la casa de mis padres, cuando mi hermana me presentó a Alexeyn como su prometido.
Todo este tiempo fui un juego para él. Me mintió. ¿Cómo pude ser tan estúpida? ¿Cómo pude creer en él?
Ahora más que nunca debo olvidarme de él y mantenerme lo más lejos posible.
No puede saber que el hijo que estoy esperando es de él.
Si esto se llega a saber, mis padres jamás me lo perdonarán.