Mamá soltó una carcajada que, además de hacerme sonreír, me hizo sentir avergonzada por todo lo que le había dicho.
—¿Estás hablando en serio?—cuestionó divertida.
—Comienzo arrepentirme de habértelo dicho—bufé cruzando mis brazos—. Y sí, estoy hablando en serio.
De nuevo volvió a reír y sentí mis mejillas calentarse ante ello. Había comenzado a considerar que decirle mis cosas a mamá no era una buena idea pues no había hecho más que reír sobre todo lo que le había estado diciendo.
—No recuerdo una sola vez en que me hayas pedido permiso para ir a una cita—señaló con una sonrisa burlona en el rostro.
—Siempre pedía permiso—me defendí—, a ti...