Aunque puse todo mi esfuerzo en ello, me fue imposible no sonreír cuando la pantalla de mi celular volvió a iluminarse con la llegada de otro mensaje. El tercero en menos de un minuto.
«Empiezo a sentirme ignorado, Tayra»
Volví la mirada a la pantalla de la computadora mientras hacía mi mayor esfuerzo por no responderle nada porque desde que había abierto los ojos Lucasno había hecho nada más que enviarme mensajes.
Y no, no era ni un problema ni una sorpresa porque había pasado lo mismo desde el sábado que llegué a mi casa. Aunque al principio habían sido mensajes vacíos de «¿Cómo estás? ¿Qué haces?» luego evolucionaron a...