París fue maravilloso. Visitamos lugares que solo había visto en fotografías, la torre Eiffel y restaurantes que me hicieron sentir como si sudara gotas de oro.
Lucas también se portó maravilloso, amable y dulce cada vez que poníamos un pie en la calle pero al volver a la habitación parecía un hombre que hubiera pasado un año entero en el desierto por completo solo y yo fuera la única mujer que se hubiera cruzado en su vida.
Fue por eso que cuando llegamos de vuelta a Nueva York me dolía el cuerpo entero pero nunca me había sentido más feliz. Incluso con todo el trabajo que me esperaba en la...