—¿Te entretuvo lo suficiente?—preguntó en un susurro, apretándose más contra mí—, ¿Te pareció divertido?
Se me olvidó hasta respirar.
Un jadeo me raspó la garganta cuando, sin previo aviso, Lucas mordió la piel de mi cuello. Haciendo la presión necesaria para que una punzada tanto de dolor como de placer me recorriera la columna, luego lo alivió con una lenta caricia de su lengua.
Recordaba muy bien esa noche en el hotel de Miami, había sido rudo luego de esa primera vez, pero me daba la impresión de que hoy iba a ser mucho peor.
—Porque a mí no me pareció entretenido—murmuró, desplazando su boca varios centímetros había abajo—, ni...