Lyam Knox es un psicólogo, lo conocí una noche de fiesta hace más o menos dos años en la que habíamos coincidido dentro del edificio, al principio había buscado ayuda en él porque me sentía agobiada en un nivel extremo porque había pasado el primer año tan preocupada por la tristeza de mamá que no había tenido tiempo para procesar la muerte de Tyler.
En algún punto nuestras largas pláticas, que nunca habían clasificado en una sesión terapéutica, se revolvieron con el placer y aunque Lyam no era mi amigo sí que sabía que podía buscarlo cuando mi cabeza me superara.
Y en verdad intenté dejarme llevar del todo pero...