—Los llamaré cuando aterrice—recordaba que nos había dicho mamá en el aeropuerto—. Estaré bien.
Justo como todo el camino, todo era una mancha borrosa a su alrededor. Solo podía escuchar el acelerado latido de mi corazón y verla a ella, con su cabello recogido y una sudadera que había comprado para la ocasión.
Tenía tanto miedo que quería retenerla entre mis brazos y suplicarle que por favor no se marchara a donde no podía seguirla, que no se fuera y que si quería hacerlo esperase a que organizara aquí todo para irme con ella para asegurarme yo misma de que estuviera bien pero esto era algo que ella tenía que...