—No es tu decisión.
—Tampoco tuya—la voz de papá era firme.
—No voy a dejar que le propongas algo así, ¿Te das una idea del daño que le vas a hacer?
—Estoy intentado ayudarla, que es más de lo que estás haciendo tú.
Eso hizo que todo mi cuerpo se tensara ante sus palabras. Respiré profundo para tratar de tranquilizarme algo que, sorpresivamente, no funcionó.
—¿Qué estas queriendo decir?—pregunté molesta.
—La estas encerrando en una burbuja que pronto se te va a reventar, Tayra, así no estas ayudándola.
—Estoy haciendo lo que puedo para cuidarla.
—¿Qué vas a hacer cuando comiences a trabajar y no puedas estar pendiente de ella...