Lyam, el guardia de las mañanas, me ofreció una sonrisa que correspondí mientras me encaminaba al ascensor. Cuando las puertas se abrieron mis ojos se cerraron cuando estornudé y me apresuré a cubrirme la boca antes de mirar adentro.
—¿Te encuentras bien?
Fue un alivio encontrar a Hannah, la secretaria del señor Miller, dentro del ascensor ofreciendo una sonrisa.
—Sí, es solo un resfriado—confesé con la voz algo ronca mientras entraba en el ascensor—. Ayer me parecía una buena idea caminar bajo la lluvia.
Lo habría sido si no tuviera las defensas tan bajas.
Al menos me había servido para no devolverme al edificio para hacer algo que me hubiera...