La culpa me come viva cuando veo como Jenna se arregla el cabello mientras bosteza. Sus ojos están rojos por lo mucho que lloramos antes de ser capaces de dormir y bajo estos se formaban unas pequeñas bolsas de cansancio, no es que mi rostro tenga algo diferente, pero ella no debería encontrarse en esta situación.
—¿Estás segura de querer acompañarme?
Sus ojos oscuros dieron con los míos y tuve que apartar la mirada por lo dura que resultaba su mirada.
Jenna era la clase de personas que siempre tenían una sonrisa en el rostro, que podían verle el lado positivo a cualquier situación y por eso resultaba en verdad...