No creo en las advertencias divinas, a diferencia de Jenna, pero si lo hiciera el hecho de que el cielo estuviera tan nublado que parecía que estaba a punto de anochecer y que una fuerte lluvia comenzara justo cuando llegué a la oficina debió de ser una advertencia más que clara.
Todo el camino en el ascensor me sentía extraña, como si alguien estuviera observándome en el pequeño espacio. Y yo sabía que se debía a lo que había hecho el sábado en la casa de Lucas.
Nunca me había decidido a enfrentarlo, y aun no lo hacía, pero estaba segura que no le había gustado ni un poco a...