Salté de la cama y corrí al baño. Caí junto al inodoro y me atraganté mientras la sensación de náuseas quemaba mi garganta. —Caleb, ¿qué pasa? —preguntó Dom mientras se arrodillaba a mi lado. Lo empujé y me giré para no verlo. No quería que me viera así.
Todo mi cuerpo temblaba y estaba empapado de sudor. Mis ojos se sentían pesados. —Cariño, mírame —murmuró—. Caleb, mírame. —Exigió. Me volví y lo miré de reojo. Él jadeó y tomó mi rostro con suavidad. —¿Qué pasa? —se paniqueó. Sacudí la cabeza y volví a atragantarme, inclinándome sobre el inodoro. Él rodeó mi cintura con un brazo y me sostuvo firmemente contra...