—Lo siento por lo que hice —susurró Carson. Tomé una respiración profunda y miré al techo, pero seguí sosteniendo su mano.
—No creo que pueda perdonarte —susurré. Sentí su mano temblar y un sollozo escapar de él.
—Cal, estaré afuera. Les daré un tiempo a ustedes dos para hablar —mencionó. Me senté y la panica se apoderó de mí.
—No me dejes —me quejé.
—Cariño, estaré justo afuera —suspiró y se acercó a mí. Me dio un beso corto y acarició mi rostro con su pulgar mientras se retiraba.
Salió de la habitación y suspiré.
—Entonces, ¿él es tu compañero? —preguntó Carson. Tomé una respiración profunda y presioné un botón...