El dolor desapareció tan pronto como decidimos darnos otra oportunidad. No me gusta lo que hizo, pero lo entiendo... Definitivamente habría hecho lo mismo por él si las cosas hubieran sido al revés.
—Así que, tienes un lobo —dijo, levantando la ceja y sonriéndome.
—Y eres blanco y tienes poderes —asintió.
—Solo el de teletransportarme. No recuerdo haberlo hecho, pero supongo que estaba demasiado concentrado en alejar a Malia de Dom —suspiré.
—¿Cuándo te transformaste? —preguntó.
—No hace mucho, hace un par de días —respondí.
Le conté todo. Me escuchó y no interrumpió ni una vez. Pasamos horas hablando y poniéndonos al día. Ha aprendido a controlar su lobo, aunque...