Después de que salimos del hospital, regresamos a casa, directamente a nuestra habitación. Él era insaciable y estaba demostrando su punto de que siempre estaba excitado por mí, como había dicho.
—Dom, necesitamos bajar o hacer algo —gimoteé mientras él me miraba desde el borde de la cama, con los ojos entrecerrados por el deseo.
—Joder, no, Dom. Me duele todo —siseé.
Él se rió y asintió.
—Lo mismo, pero quería sacarte tus pensamientos negativos —respondió—. ¿Funcionó?
Levantó una ceja sonriendo.
—Creo que me has sacado todo, honestamente —suspiré.
Él se rió y levantó la mano.
Me aparté, riendo.
—Relájate, Cal. Solo quiero un abrazo —se quejó.
Abrí los brazos...