Entré en la oficina, Amaris estaba sentada en el sofá con algunos archivos esparcidos sobre la mesa. —Hola, cariño— me saludó mientras levantaba la vista. Le sonreí y miré los archivos. —¿Qué estás haciendo?— pregunté.
—Siéntate, Cal— respondió Dom. Me volví y lo miré. Me hizo un gesto hacia una silla junto a él detrás de su escritorio. Fui y tomé asiento.
—¿Puedo preguntarte algo?— miré a Amaris. Ella asintió y me sonrió. —¿Está... está Malia muerta?— murmuré. Ella tomó una respiración profunda. —Sí— susurró.
—Lo siento— empecé, pero ella agitó la mano. Le sonreí levemente. —No hay necesidad de disculparse. Lo estaba esperando, solo quería estar seguro de que...