Maskyn sonríe.
— Fabricio, dejemos a Dakota en su casa —ordena él.
Ella voltea a mirar a Maskyn.
— Me quiero asegurar de que llegues bien a casa —dijo ella.
— Nena, yo ya estoy grandecito. Además, no llevo a ninguna mujer a mi casa. Dime, ¿a dónde te dejamos? —pregunta él.
— Déjame por acá —dijo ella de manera indiferente.
— ¡Para, Fabricio! — ordena Maskyn, y su amigo frenó el auto.
— Cuando te recuperes, me llamas para que cumplas lo que me prometiste — Dakota fue a abrir el auto.
Maskyn la agarró del cuello y la acercó a su rostro para besarla.
Fabricio, que miró por...