Marcia siente pena, si eso de ver qué tanto odia a Maskyn y tiene sexo con él de esa manera. Aún que no lo va a negar, fue delicioso. Ella se queda en silencio, presenciando todo.
— Entonces, Marín Asghar, ¿hacemos negocio?
— Eres un putito, me diste en mi punto débil: "las mujeres".
— Bueno, ese también es mi punto débil.
— Quiero a esta gitanita para mí —dijo el árabe, mirando a Angélica.
— Lo siento, querido. Pero no estoy en venta —dice Angélica con voz seductora.
— Te doy dos piezas de oro —dijo el árabe. Hizo una seña a su guardia de confianza y este trajo...