Sin embargo, siguió de largo. Ella baja las escaleras mientras tiene cargada a Dulce María. La lleva a la cocina para darle de comer. Horas después, Maskyn despierta por el sonido del teléfono. Él, con los ojos achinados, mira la pantalla de su teléfono y es Fabricio.
—Háblame...
—¿Amigo, dónde estás?
—¿Qué pasa, Fabricio?
—Parce, sabes que tenemos trabajo por hacer.
—Lo sé. Acabo de levantarme, me voy a alistar y te llego a la guarida.
—Ok, amigo, ¿pasaste una buena noche?
—¡¡No lo dudes!! Si supieras todo lo que hice, pero te dejo, me duele la puta cabeza.
—Listo, te espero.
Maskyn cuelga la llamada y se dirige al...