La semana paso volando y sin muchos episodios deplorables, solo lo normal: Sonya gritando, Alma Nathalia sin querer despegarse de mí, llamadas de alguien que no conozco diciendo estupideces y hasta la coronilla del trabajo.
¡Necesito un trago!
¡Me absorbe el estrés!
A Dios gracias hoy es sábado y cuando mi hija cese de llorar como todas las mañanas me iré a trabajar y llamaré a Jena para que tomemos algo en alguna parte.
Le doy un beso a mi niña llorona y manipuladora que se encuentra sentada en su silla de comer y un beso obligatorio al señor conejo ya que casi lo introduce en mi ojo derecho.
—¡Prepárame...